A simple vista, el de Abrante parece un mirador corriente. Sin embargo, en lo alto del risco del norte de La Gomera en que se ubica, los visitantes no se asoman al precipicio, sino que ‘flotan’ sobre él. Del extremo del mirador sale un voladizo de siete metros de largo y suelo de cristal, que mantiene al que tenga el coraje de caminar sobre él como suspendido en el aire, contemplando un paisaje rural típico de las Islas Canarias.